Anclajes

Viernes 30, Junio 2006 por oscar en exposiciones

Fotografías retocadas con el programa gimp

mucho más lejos

Martes 25, Abril 2006 por miguel en poesía

Llegué a ti convencido de mí mismo.

Cuando llegué a ti estaba convencido de tener un
beso en cada labio
y un dolor en cada daño.

Te cogí las manos para contarte mi derrota
como si fuera lo que es,
y dentro de tus ojos,
dentro del olor de tus pupilas,
en esa franja de tiempo que ya no es tiempo,
me di cuenta de que no tenía nada que contar.

Nada que no pudieras asimilar con creces.

Así de sencillo me di cuenta de que el daño estaba hecho,
pero no había ningún dolor.

En tus ojos vi una pistola apuntando a mi sien.

En tus ojos vi que podías comprenderlo todo sin esfuerzo.

En tus ojos vi que podíamos amarnos como perros
si eso fuera algo.

Que podíamos golpearnos perdiendo el sentido,
podíamos llegar tan lejos como quisiéramos.

Comprendí que eres capaz de acompañarme en mi derrota
hasta que hoy no queden guerras santas que librar, comprendí
que eres capaz de ir conmigo allí donde mi
ignorancia
quiera llevarme. Comprendí toda la huída, todo el dolor,
todo el camino. Mi camino.

Comprendí que lo harás por mí,
que tú has comprendido ya, pero yo no.

Comprendí por qué las tardes con la cerveza,
por qué los días persiguiendo el sueño de no acabar nunca,
por qué me miras cuando bebo como si no hubiera mañana alguno.

Por qué me coges del costado y me peinas.
Por qué me aprietas la mano cuando me pierdo.
Por qué después de hacerme el amor sólo quedan más y más besos.

Por qué me dejas tu regazo como si aún fuera un niño.

Por qué me acompañas hasta que no quedan calles,
borrachos por Tribunal,
ahíto e insatisfecho al mismo tiempo,
lleno de calles y de caras,
falto de calles y de caras,
por qué dejas que mi rabia te impregne,
a ti y a todo.

Por qué nos miramos cuando estamos esperando el metro
y me dices
“te quiero, niño”. Después de vomitar
las esquinas
y perder el sentido y remontar la corriente de los bares que cierran
y de esperar no esperar
y de gritar cientos de pérdidas en brazos y abrazos
y de aferrarte
para llorar,
para no dejar de llorar en tu regazo.

Estás esperando que llegue.
Sabes que lo haré, que sólo necesito escupir tan lejos
que jamás pueda pisar mi saliva.

Y, mientras tanto,
me abrazas, me acompañas y esperas.

Después de comprender eso,
sólo pude abandonarme a ti.

Dejar que tus cuidados
curen las heridas que siempre tuve.

Dejar que tu lengua limpie.

Mientras tanto, tú me miras.
Estoy aquí, he comprendido.

Lo sabes, tus ojos brillan.
“Estás tan cerca, niño…”

Mientras te quiero Madrid amanece
entre las toses, las flemas y los ronquidos
de la gente que compone todo.

Estoy cansado después de toda la noche bebiendo.
Me acuesto en tu hombro en el autobús.

Cierro los ojos.
Estoy tranquilo.

Poema 1 de “A la izquierda, el Coliseo”.
Libro primero de “Pares sueltos”
© 2006 café & cigarro editores.

momentos de carácter líquido

Viernes 21, Abril 2006 por miguel en relatos

- Gracias.
- No entiendo por qué, Luisa. Sería más racional que dijeras “cerdo”.
- No, no lo sería.
- Vamos a emborracharnos.
- ¿Tienes algo de güisqui?
- Océanos enteros, no te preocupes.
- Sería simpático que ahora apareciera Ton.
- No, no lo sería.

Desnuda está preciosa. Tiende sus manos hacia mí cuando le acerco la copa. Se levanta y sus senos rebotan levemente, unos pechos esquizofrénicos, que se adaptan al movimiento. También se adaptaron a mi mano. También se adaptaron a las de Ton. Ton me va a odiar, aunque yo jamás pueda entender por qué. El odio no necesita razones, sólo a sí mismo.

- Voy al baño. ¿Te importa?
- Nunca he visto una pregunta más fuera de lugar.
- Educación.
- Bromeaba.

Sus nalgas dibujan leves ondulaciones al caminar mientras me quedo solo en el salón. No sé que pensar. Es lo que más me jode de mí mismo. Nunca sé qué pensar, hasta que pienso, y entonces prefiero no pensar demasiado. Su ropa está desperdigada por todas partes, junto a la mía, como si no tuvieran nada que ver pero se vieran forzadas a compartir un espacio común. Y así es exactamente. Recuerdo todos los gestos, recuerdo todos los deseos confluyendo en la savia vital de la boca, recuerdo los hombros, la curva praxiteliana, el corazón de su pecho excitado, nervioso, yacente. Recuerdo y me duele recordar, porque tengo más que serias dudas en lo tocante a estar recordando a Luisa. Recuerdo y la escucho mear en el baño. Un extraño componente de la noche, un curioso e inexplorado flogisto, amplifica los sonidos. De día puede ser que sean apenas audibles, de noche son tormentas. Escucho cómo hace rodar el papel higiénico sobre el soporte. Tira de la cadena. Yo me sirvo una copa, tranquilamente. Todo lo tranquilamente que puedo.

Porque le tengo miedo al ahora. Porque no quiero un beso. Y no lo quiero porque no sería nada bueno. Ahora mismo somos de goma. Yo hace tiempo que lo soy. Ahora cualquier cosa puede moldearnos, y me temo que un beso sería equivocarnos. Hacerlo mucho. Porque ahora mismo estamos construyendo el mañana. No es una frase retórica, hay momentos en los que es más fácil construir un mañana, momentos en que el carácter líquido domina. Construye un continente, y tendrás el contenido perfecto. Oigo los pasos, uno detrás de otro. Desnuda recorre la distancia física entre el baño y mi situación. Se acerca, me mira, sonríe. Debo recordar esa sonrisa, debo recordar porque olvidar es dilapidar el tiempo. Debo recordar, pero no mucho, recordar demasiado sería el mismo error, sería cometer el mismo error de nuevo. Sería tornar el cuello boca arriba, someterme. Recordar es un error mientras los pasos se acercan más y más, y ya está frente a mí cuando acerca un seno a mis labios y yo me rindo.

Y lo beso.

La sencillez del mundo

Viernes 21, Abril 2006 por demasie en personal

Un cientifico, que vivia preocupado con los problemas del mundo,
estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos.
Pasaba dias en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas.
Cierto dia, su hijo de siete años invadio su santuario decidido
a ayudarlo a trabajar. El científico, nervioso por la interrupcion,
le pidió al niño que fuese a jugar a otro lugar.
Viendo que era imposible que se fuera, pensó en algo que pudiese darle
para distraer su atencion. Vio una revista en donde venia el mapa
del mundo, ¡justo lo que precisaba! Con unas tijeras recorto
el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se
lo entrego a su hijo diciendo: Como te gustan los rompecabezas,
te voy a dar el mundo todo roto, para que lo repares sin ayuda de nadie.
Calculo que al pequeño le llevaria dias componer el mapa,
pero no fue asi.
Pasados unos minutos, escucho la voz del niño:Papá, papá, ya lo he acabado.
Al principio no dio crédito a las palabras del niño. Penso
que seria imposible que, a su edad, hubiera conseguido
recomponer un mapa que jamas había visto antes. Desconfiado,
el cientifico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza
de que veria el trabajo propio de un niño. Para su sorpresa,
el mapa estaba completo. Todos los pedazos habian sido colocados
en sus debidos lugares. ¿Como era posible? ¿Como el niño había sido capaz?
Le dijo: Hijo mio, tú no sabias cómo era el mundo,
¿como lograste recomponerlo?. Papá, yo no sabia como era el mundo,
pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que
del otro lado estaba la figura de un hombre. Asi que di vuelta a
los recortes y comence a recomponer al hombre, que si sabía como era.
Cuando consegui arreglar al hombre,
di vuelta la hoja y vi que habia arreglado al mundo.

número dos del fanzine metralla

Miércoles 19, Abril 2006 por miguel en fanzine metralla

Como ya tocaba, aunque sin la participación esperada, te presentamos el número dos del fanzine metralla.

despertar cotidiano

Lunes 6, Marzo 2006 por miguel en relatos

Una de las cosas más desagradables que he sentido alguna vez es un pedo en la ducha. En medio de los olores frutales, el champú, el gel y el suavizante un pedo se abre paso como la encarnación más mortífera del ser, del recordatorio de la mundanidad de nuestros procesos internos. Un pedo en la ducha es, sin dudarlo un segundo, una caricatura de un pedo, un pedo con luces de neón anunciándolo. Pero, aún así, me tiro uno. Como una especie de post-it en el que anoto que pese a todo estoy embarcado en una aventura que no es tan sucia como parece, pero tampoco tan limpia. En medio del éxtasis del agua me interrogo sobre el sentido de anular tan conscientemente todo lo que nosotros mismos exudamos. La teoría más inteligente que he podido trabar hasta el momento es que lo que expulsamos de nuestro interior es lo que no queremos: toxinas. Pero no termina de convencerme, porque lo que sacamos de nosotros en el devenir es también el devenir mismo, que exfoliamos como piel muerta sobre nuestra piel viva. La piel muerta es el pasado, seguramente, y es inútil frotar, porque no se queda precisamente en el recubrimiento exterior, sino en lo más profundo de nuestras mentes. Termino de aclararme el pelo y cierro los grifos. Cojo la toalla y me seco por encima, sin esforzarme. Fuera hace frío, y me visto rápidamente y caliento un café en el microondas para intentar entrar en calor. Difícil cuando el frío está dentro y se irradia hacia fuera. Difícil cuando uno está empapado porque no le gusta secarse bien. En cualquier relación lo complicado es secarse completamente cuando se acaba, cuando se cierran los grifos de lo que fue, para no llevar empapada la ropa después, durante meses y meses.
leer más